Veuve Clicquot

Cuando me preguntan por la mujer y el vino suele venirme a la mente la imagen de Barbe-Nicole Ponsardin, “La viuda de Clicquot”, como una especie de heroína que sobresalió en una época en la que el negocio del vino era dirigido por hombres casi en exclusividad.

La Gran Dama del Champagne nace en 1777 en Reims, Francia.
A los 21 años se casa con François Clicquot, hijo de un empresario que poseía varios viñedos y ya algunos años antes del matrimonio de su hijo había fundado su propia marca de Champagne. Luego del casamiento el padre de François, decide dejar la empresa en manos de su hijo.
Pasaron apenas seis años de matrimonio cuando en 1805 su marido muere afectado por unas fuertes fiebres y Madame Clicquot queda sola con su pequeña hija y al frente de la empresa familiar con apenas 28 años.
Tengamos en cuenta que ser una mujer empresaria y emprendedora en aquella época no era algo corriente, ni muy aceptado tampoco, y menos en un mundo de negocios, y del vino en particular, que siempre ha sido predominantemente masculino.
Tenacidad, visión comercial y carácter emprendedor, sin lugar a dudas fueron los mayores atributos de esta mujer.
Cerca del año 1816 el bodeguero alemán Antoine Müller, que ya hacía algunos años que trabajaba para la firma, introduce el Reumage que sería clave para perfeccionar el Méthode Champenoise (método tradicional de elaboración, consistente en realizar una segunda fermentación del vino en la botella)
Antes de este aporte de Müller para Veuve Clicquot los vinos de Champagne se mostraban muy

diferentes a los que conocemos hoy en día, presentaban gran cantidad de turbidez y era necesario decantarlos para separarlos de las lías, con lo que se perdían gran cantidad de aromas y preciadas burbujas.

Pero de qué se trataba? Pues, la técnica consistía de almacenar las botellas en pupitres de madera con el cuello hacia abajo en un ángulo de 45º, a las que cada día se les da un leve giro, provocando que los sedimentos se acumulen cerca del tapón y posteriormente sean removidos mediante el degüelle, permitiendo así ofrecer al consumidor un vino totalmente límpido.
Madame Ponsardin además expandió de gran manera su negocio, comprando nuevos viñedos, considerados aún hoy de excelente calidad vitícola, e incrementó la exportación de sus vinos nada menos que en época de guerra. Se dice que cuando el bloqueo inglés dejó a Rusia sin Champagne fue ella quién se encargó de proveerlos.
Es el año 1866 cuando fallece la Gran Dama, con 89 años, dejando el legado de la excelencia que se plasma aún hoy en cada una de las botellas de la bodega.
Por: Laura Decurnex
Sommelier

*Nota publicada originalmente en Bebidas & Cia http://www.vinodeuruguay.tv/Revista.htm en su edición #VII
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