La comida callejera en la ciudad de El Alto y la seguridad alimentaria

La comida callejera se hace su lugar allí donde hay aglomeración de gente hambrienta y sin tiempo. Tres son los principales factores que debe cubrir un emprendimiento de comida callejera: estar ubicado “al paso”, ser rápido y económico.

comida callejera en el alto seguridad alimentaria

Es indiscutible, si hay algo que abunda en las calles de la ciudad de El Alto es la comida; en especial en los puntos neurálgicos. Por ello se vuelve tan importante cuando hablamos de seguridad alimentaria y en especial cuando las personas, ya sea por razones laborales o por un acelerado ritmo de vida típico de la cuidad, no tienen la posibilidad de volver a sus casas para realizar las diferentes comidas.

La investigadora inglesa Kim Gajraj hizo un estudio de campo trabajando durante dos meses y medio en el puesto de comida de la señora Sandra Santusa y formando vínculos con diferentes trabajadoras de la zona ganándose la posibilidad de entrevistarlas y así enriquecer su análisis y llegar a las siguientes conclusiones que me permito reproducir:

Hay una alta dependencia de la comida callejera en El Alto, debido principalmente al ritmo de vida de sus ciudadanos; lo interesante de la comida callejera en esta ciudad, en especial en los puestos llamados “agachaditos”, es que suele ofertar comida típica boliviana y esto es una gran ventaja sobre la comida chatarra, puesto que es lo más parecido a una comida hecha en casa; y es que de hecho es una comida hecha en casa sólo que se sirve en la calle.

Aunque la comida tradicional puede ser demasiado rica en carbohidratos aún tiene un valor nutritivo superior al de las frituras típicas de la comida chatarra; además esta oferta de comida típica hace mantener vivos los hábitos alimentarios locales y por ende es transmisora de costumbres e imprime sentido de pertenencia.

Otro punto a destacar son los bajos precios que se manejan en estos puestos, los que por supuesto también hacen crecer su demanda. Los alimentos preparados pueden tener un valor final para el consumidor de entre 3 y 15 bolivianos; es decir entre 0,50 y 2 dólares americanos. Muchas vendedoras mantienen aún sus vínculos con el campo y eso les permite conseguir la materia prima mucho más económica.

Por supuesto que hay puntos a tener en cuenta para mejorar, la principal preocupación del consumidor es la higiene de los puestos; y de la observación de Kim surge la preocupación por el valor nutricional de los alimentos y cómo se puede enriquecerlos.

Sin lugar a dudas este estudio permite valorizar un sector que hasta el momento permanecía desapercibido pero que es de una gran importancia para la seguridad alimentaria urbana.

A tener en cuenta

  • Al menos de 1 a 3 días a la semana 48,8% de los encuestados comen comida típica boliviana en la calle; principalmente por no poder llegar a sus hogares, la ubicación de los puestos y la rapidez del servicio.
  • 58,7% de los encuestados prefieren la comida tradicional sobre la comida chatarra.

Puedes leer el estudio completo: Comida callejera: Un aporte a la seguridad alimentaria en El Alto

Laura Decurnex – Sommelier

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